martes, 2 de mayo de 2017

Sebastián Morales Jiménez: (Iznalloz, 1916-Motril, 1985). Poeta, ensayista, filólogo y crítico literario



Sebastián Morales Jiménez: (Iznalloz, 1916-Motril, 1985). Poeta, ensayista, filólogo y crítico literario. Estudió Magisterio en la Universidad de Granada y, posteriormente, se licenció en Filología Románica en esta misma universidad, especialidad en la que alcanzaría el grado de doctor en 1979, poco antes de su muerte, con una interesante tesis titulada: «El flolklore de Villanueva de la Serena (Badajoz). Localismos», la cual fue dirigida por el insigne profesor don Manuel Alvar López, artífice y director del celebérrimo Atlas Lingüístico de Andalucía (1961-73).
Llegó a Motril en 1965 procedente de dicha ciudad pacense y formó parte del primer claustro de profesores del Instituto «Julio Rodríguez» –por entonces denominado aún Instituto Laboral, pues nació como tal–, donde ejerció labores de secretario e impartió clases de Lengua y Literatura Española durante casi veinte años. Murió prematura e inesperadamente poco tiempo después de ganar las oposiciones para Catedrático de Lengua y Literatura en la Escuela Normal de Magisterio «Andrés Manjón» de Granada, donde solo llegaría a impartir docencia durante poco más de un curso. Entregado de manera singularmente apasionada a su actividad académica y arrostrando un impostado arrebato cuando declamaba poesía en clase a sus alumnos, se pasó la vida publicando con suma humildad y recato sus poemas en el semanario El Faro, sin recibir apenas reconocimiento público ni muestras de gratitud alguna.
Eran los suyos unos poemas atormentados, crudos, a veces con resabios trágicos, pero siempre reflexivos y cargados de fuerza expresiva. Con frecuencia adoptaban la estructura de una plegaria o deprecación. Abundaban las citas de textos sagrados y el tono elegiaco o religioso en sus versos. Una treintena de dichos poemas fueron reunidos más tarde por el autor en una excerpta a la que tituló: Sin rimas y con renglones torcidos (1975), un libro bastante «homogéneo, lúcido y coherente en su conjunto», cuyo título había surgido, porque, efectivamente, «la mayoría son breves poemas sin rima, ni sílabas exactas, pero [que] poseen todos, el factor fundamental externo: el ritmo». Según las propias palabras del autor, rescatadas del breve preámbulo que antecedía a los versos: «La sorprendente ingenuidad que brota de su canto, crisis del mundo circundante, ha sido el germen que los ha originado»
        En su faceta como filólogo, merecen destacarse también algunos trabajos suyos como: Buscando una muerte de luz (1980) –escrito un año antes aunque publicado en esa fecha–, un meritorio ensayo de más de doscientas páginas en donde se aborda una meticulosa y concienzuda interpretación de la célebre elegía de Federico García Lorca: Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, para nuestro autor, «el poema más perfecto de la poesía española contemporánea». Otros opúsculos suyos menos conocidos pero igualmente escritos con una técnica parecida y un discurso semejante, son: El romance de Arbolé, arbolé. Contribución al conocimiento de la poesía de Federico García Lorca. Interpretación: «Juega la muerte» (1982), El romance de Córdoba. Lejana y sola. Contribución al conocimiento de la poe- sía de Federico García Lorca. Interpretación: «Córdoba para mo- rir» (1982) y Olas gigantes que os rompéis bramando. Rima LII. Contribución al estudio de la poesía de Gustavo Adolfo Bécquer. Interpretación: «Soledad desesperanzada» (1982).


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