lunes, 24 de junio de 2024
jueves, 6 de junio de 2024
miércoles, 22 de mayo de 2024
viernes, 19 de enero de 2024
Se superaron todas las expectativas en el Concierto de año nuevo de la Joven Orquesta Sinfónica de Granada
CONCIERTO AÑO NUEVO 2024
JOVEN ORQUESTA SINFÓNICA
DE GRANADA
DIRECTOR: EDMON LEVON
BRILLANTE ACTUACIÓN ALVARO
LOZANO (Solista de Cello) EN UN ADUDITORIO MANUEL DE FALLA CON LLENO HASTA LA BANDERA
Y UN PÚBLICO ENTUSIASMADO
Nace en Málaga en 2006. A la edad de 8 años
inicia sus estudios de Violoncello en el Conservatorio Profesional de Música
“Gonzalo Martín Tenllado” con la profesora Sabrina Rui Desde 2020 es miembro de
la A.E.O. Barenboin-Said, Sevilla, donde se forma con Pavel Gomziakov
En 2016 obtiene 1º premio en su categoría del VII Concurso Nacional Jóvenes Promesas de Violoncello “Jaime Dobato
Benavente”
En 2018 es galardonado con el 1º premio del
Concurso de Violoncello “Fundacion Cello León”
En 2019 obtiene el 1º Premio en el X
Concurso Jóvenes Interpretes de Jerez
En 2020 obtiene el 1º Premio y Premio
absoluto de su categoría así como el premio UZMAH Internacional Summer School
en Zagreb
En 2021 obtiene 1º premio en el 3º Gustav
Mahler Priza Cello Competition en Jihlava
DONIJ VAN DOORN, encendió la noche de Granada con su canto, memorable actuación.
SEGUNDA PARTE:
Hector Berlioz:
Les nuits d’eté -Villanelle
Georg Friedrich Handel: Lascia ch’io
pianga
Ruperto Chapí:
El tambor de Granaderos - Preludio.
Luigi Arditi:
Il Bacio
Gaetano Donizetti:
O luce di quest’anima
Federico Chueca:
El Bateo - Preludio
DONIJ VAN DOORN: Soprano
La soprano holandesa Doníj Van Doorn es
alabada por su sonido cálido, sus agudos ágiles y sus interpretaciones
conmovedoras. Obtuvo la licenciatura y el máster con matrícula de honor en el
Conservatorio de Música de Maastricht. Tras sus estudios, Doníj trabajó como
joven artista en el Opera Studio Nederland de Ámsterdam durante dos años. La
versátil soprano actuó como Despina (Cosi fan Tutte), Lucia (La violación de
Lucrecia), Susanna (El Secreto de Susanna), Valencienne (La viuda alegre),
La señora Anna Reich (Las alegres comadres
de Windsor), Segunda Mujer (Dido y Aeneas), Ninfa (Orfeo), Miss Pinkerton (La
Solterona y el ladrón), Lisa (El país de las sonrisas), Tatiana (La reina de
las hadas), Dafne (Los amoríos de Apolo y Dafne), Dori (La cueva de Trofonio) y
Bubikopf (El Emperador de Atlantis) Doníj ha creado un extenso repertorio de
conciertos, que incluye la Pasión de San Mateo, la Pasión de San Juan y el
Oratorio de Navidad de Bach, el Réquiem y la Misa de Coronación de Mozart, El
Mesías de Haendel, Las Estaciones de Haydn, Requiem Alemán, de Brahm,
La Pequeña y la Gran misa solemne de Santa Cecilia, de Rossini Con la canción
artística como primer amor, es una apreciada recitalista que trabaja con
diversos instrumentistas y nunca se priva de ofrecer a su público algunas gemas
raramente interpretadas. Como soprano solista con André Rieu y su Orquesta
Johann Strauss, Donij lleva siete años dando conciertos por todo el mundo,
interpretando famosas arias del mundo Lírico.
jueves, 21 de diciembre de 2023
El olivo es siempre símbolo de la paz, y al estar en plural, aumenta el deseo: una paz eterna...
El “Llanto por Ignacio Sánchez Megías” es la mejor obra de Federico
García Lorca, síntesis de todo su arte; por ella demuestra ser el poeta más
completo de su generación, debido a sus
magistrales, incisivos e impresionantes recursos de la alusión, la metáfora y
el símbolo. Y sobre todo, por ser el poeta visionario con más duende.
Del libro “BUSCANDO una
Muerte de LUZ”
En su faceta como filólogo, merecen destacarse también algunos trabajos
suyos como: Buscando una muerte de luz
(1980) –escrito un año antes aunque publicado en esa fecha–, un meritorio ensayo de más de doscientas
páginas en donde se aborda una
meticulosa y concienzuda interpretación de la célebre elegía de Federico García
Lorca: Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, para nuestro autor,
«el poema más perfecto de la poesía española contemporánea».
Jesús
Cabezas Jiménez
El olivo es siempre símbolo de la paz, y al estar en plural, aumenta el
deseo: una paz eterna. El Olivo, además es el árbol andaluz por excelencia, pero
al mismo tiempo simboliza fatalidad por ser árbol servidor de la luna, con el
negro sino interior, y no deja escapar a quién cerca.
El olivo estremecido por la “brisa triste” sintetiza toda la elegía de
este Llanto.
Desde los pies del poema, “una brisa triste por los olivos”, raíz y
soporte mínimo de este gran coloso de la literatura española y universal, sube
el soberbio duende estallando colérico contra todo lo que encuentra a su paso,
porque le han arrancado su secreto de inmortalidad en ardua y constante lidia.
Lorca ha remachado con obsesión su ardiente afán: <<Ignacio vive;
no ha muerto, porque yo lo recuerdo, lo llevo conmigo y lo canto aún con
dolor>>
Sebastián Morales Jiménez
martes, 12 de diciembre de 2023
sábado, 4 de noviembre de 2023
"El tiempo resucitado"
Aunque finalmente la feliz noticia del
aprobado del examen de acceso a la Facultad de Medicina me la dio mi amigo
Fernando Barros, el incondicional compañero de aventuras de juventud que
siempre estuvo a mi lado en todos los acontecimientos fundamentales de mi vida.
Principalmente académicos. Habíamos estudiado juntos todo el Bachillerato en el
Instituto Laboral, superamos ambos las dos Reválidas ––la del Bachillerato
Elemental y la del Bachillerato Superior––, aprobamos los dos en la
convocatoria de febrero de 1973 el grupo Específico de las Pruebas de Madurez y
nos matriculamos en la Universidad de Granada el mismo día de septiembre de
1973, él en Geología y yo en Medicina , tras viajar una madrugada desde Motril
los dos en la Vespa de un cuñado suyo por aquella antigua y sinuosa carretera
repleta de curvas que a mí siempre me recordaba a la balada de Paul McCartney,
The Long and Winding Road, una canción que, aunque había sido escrita en 1970
––el año que estudiábamos 5.º de Bachiller––, aún escuchábamos porque nos
seguía entusiasmando a los dos. El viaje a Granada en moto por aquella
espantosa carretera era en aquel tiempo toda una aventura. Lo recuerdo como si
hubiera sido ayer. Se trataba de la carretera nacional 323 ––Bailén-Motril––,
una de aquellas rudimentarias carreteras de entonces, estrecha, sin apenas
arcenes ni quitamiedos y con solo dos carriles, que atravesaba todos los
pueblos que había entre la Costa y la capital, incluyendo La Gorgoracha, La
Cuesta Revientamotos y Los Caracolillos de Vélez. El viaje en moto, si todo iba
bien y no presentábamos ninguna avería, podía durar perfectamente unas dos
horas y media. Eso si no te encontrabas en el trayecto con ningún camión que
circulara en el mismo sentido, pero por delante de nosotros, circunstancia en
la que se hacía prácticamente imposible poder adelantarlo. Sobre todo si
teníamos la mala suerte de toparnos con él en el paraje conocido como La Solana
de Vélez, donde la carretera zigzagueaba a izquierda y derecha, adaptándose a
la orografía del terreno, o en aquel repecho empinado, precedido y seguido de
curvas muy cerradas, una vez pasado Béznar y la «Curva del Coño», al que nunca
entendimos muy bien por qué lo denominaba la gente como Los Llanos de Contra,
cuando en realidad el desnivel de la carretera alcanzaba por ese lugar tramos
de hasta el 7%. Pero una vez que se superaba el cruce de Nigüelas y se había
dejado atrás el río Torrente, la carretera se hacía más llana y más recta, y
podíamos adelantar y circular ya a mayor velocidad. Entonces, mi amigo
Fernando, que viajaba, como yo, sin casco ––algo que por entonces no era
obligatorio––, siempre volvía la cabeza para atrás y me decía en voz alta con
el aire en contra: «Ya hemos pasado lo peor; pronto estaremos en Granada». Era
sumamente agradable percibir en el rostro a esas tempranas horas de la mañana
––lo recuerdo perfectamente–– el septembrino aire fresco que bajaba de Sierra
Nevada y del pico del Caballo, el cual destacaba, majestuoso y altivo, a
nuestra derecha, todavía sin la cumbre cubierta de nieve. En realidad, no
viajábamos hacia Granada, viajábamos hacia el indestructible sueño de ser
universitarios. Pero, según nos había enseñado Michel Random, son los propios
sueños quienes a la postre crean la realidad. Y nosotros siempre fuimos de
sueños y de utopías. Hoy en día un viaje en moto por tal motivo y en tales
circunstancias nos parecería una locura, dado que todas las familias disponen
de un magnífico y moderno automóvil en la puerta de sus casas para poder
desplazarse donde sea necesario y cuando convenga. Pero entonces realizábamos
aquellas «locuras de juventud» con objeto de ahorrarle un dinero a nuestros
padres, pues el viaje de ida y vuelta en la Alsina nos salía mucho más caro. Y
no digamos en uno de aquellos coches pirata de la época, cuya tarifa era
siempre algo superior a la de los autobuses de línea. Todavía no había llegado
a la vida de los estudiantes el sistema BlaBlaCar de compartir coche, gastos,
gasolina y viaje. No sé si actualmente yo le hubiera dejado a cualquiera de mis
hijos hacer una cosa parecida. Pero aquellos eran otros tiempos y nuestros
padres asumían esa austera forma nuestra de actuar porque confiaban plenamente
en nosotros. Aunque para poder matricularse en la universidad era preceptivo en
aquel tiempo solicitar un certificado de penales que acreditara que no se
tenían antecedentes delictivos ni de activismo o compromiso político, algo muy
vigilado entonces por las autoridades. Así, que unos días antes de realizar
aquel viaje en moto no tuve más remedio que pedirlo en el juzgado municipal,
que por entonces estaba ubicado en el número 35 del Camino de las Cañas en una
preciosa casa de dos cuerpos con un bello patio interior, ya desgraciadamente
desaparecida. Ir a hacer alguna gestión al Juzgado o al Ayuntamiento en aquel
tiempo imponía todavía mucho respeto, algo que cambiaría notablemente luego con
la llegada de la Democracia.
Extracto del libro de Jesús Cabezas Jiménez "El tiempo resucitado",

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